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1 de enero de 2013

Maria Simma y las Almas del Purgatorio.

La Santa Misa--->
<---Las Almas sufrientes del Purgatorio.


María Simma es una mujer extraordinaria, nacida en Sonntag (Vorarlberg), Austria, el 5 de febrero de 1915. Es una mujer con características marcadas por Dios, encargada de dar a conocer un mensaje más que el Cielo nos brinda y que no debemos dejar pasar por alto.
Dios le dio un conocimiento sobrenatural inimaginable para cualquiera ser humano, tener contacto directo con las almas del Purgatorio.

Son pocas las personas que tienen este don particular; dedicó toda su vida en ayudar a las almas sufrientes hasta el último instante de su vida. Las almas le transmitían sus necesidades y ella heroicamente trataba de aliviarlas en su pesar. María Simma es un alma mística, favorecida de grandes carismas, especialmente al poder percibir y hablar con las almas que se le aparecen y a quienes ha consagrado su vida desde muy adolescente.
En las almas del Purgatorio encontró su razón de vida en este mundo, y se vio favorecida con alegrías interiores espirituales, y tuvo varias veces un anticipo de cómo es el Cielo.

Su obispo está de acuerdo con su apostolado en favor de esta almas y lo mismo lo estaba su director espiritual, el P. Alfonso Matt, quien la dirigió en los primeros años de sus experiencias místicas.
En 1968 escribió un libro titulado “Meine Erlebnisse mit Armen Seelen” (Mi relación con las pobres almas) traducido a varias lenguas y que tiene ya más de 20 ediciones. Otros más se han escrito, basados en entrevistas con ella.

También, de vez en cuando, ofrece conferencias en diferentes lugares de Europa, especialmente de Austria y Alemania, lamentablemente María sólo habla alemán y es muy humilde en reconocer que no tiene paciencia con aprender otro idioma.

Todo lo que ella sabe de sus experiencias es por medio de las almas del purgatorio, sobre sus necesidades y sus sufrimientos, ha sido exacto y ha estado siempre conforme con las enseñanzas de la Iglesia. Su director, el Padre Alfonso Matt, enviaba los mensajes que ella recibía del Purgatorio a los familiares de los difuntos y éstos quedaban asombrados de cosas que María contaba, ya que nadie los podía saber. Por eso, desde el principio, fue apoyada por su párroco.
Por otra parte, el hecho de que los muertos puedan aparecerse a los vivos no debe parecer imposible, porque el mismo Evangelio nos habla de que el Viernes santo “muchos sepulcros se abrieron y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron y saliendo de sus sepulcros, después de la resurrección de Jesús, vinieron a la ciudad y se aparecieron a muchos” (Mt 27,52-53).

El Padre Alfonso Matt, según el Vicario general de su diócesis dijo de él: “era un sacerdote íntegro y ejemplar que no tenía nada de exaltado. Después de las revelaciones que María Simma le contó sobre el Purgatorio, su actitud fue de una enorme colaboración, se sentía feliz, y adoptó una gran humildad digna de tomar ejemplo. Era un venerado sacerdote”

El día de su entierro el 26 de Diciembre de 1978, su obispo, Bruno Wechner, en presencia de 1.000 fieles y 40 sacerdotes de varias congregaciones dijo a todos los presentes:
“Lo más hermoso que se puede decir de un sacerdote es que es un sacerdote según el corazón de Dios. Así era el Padre R. Alfonso Matt”.

Pues bien, el Padre Alfonso Matt escribió un informe sobre la vida de María Simma. Este el el informe que ha sido resumido, pero exaltan las partes más importantes que podemos conocer, otras partes están dirigidas a la Iglesia y a ciertas personas de vasto conocimiento.

INFORME DEL PADRE ALFONSO MATT SOBRE MARÍA SIMMA:

María Simma nació en Sonntäg. Quiso hacerse religiosa, pero las tres veces que lo intentó, tuvo que salir por falta de salud. Su vida espiritual se caracteriza por un gran amor a la Virgen María y un gran deseo de socorrer a las almas del purgatorio, devoción que le inculcó su madre desde niña. Ella ha consagrado su virginidad a la Virgen y ha hecho voto de ánimas, como alma víctima en favor de las almas del purgatorio. En la parroquia se dedica a dar catecismo a los niños y prepararlos para la primera comunión.

A partir de 1940, se le aparecieron algunas almas para pedirle ayuda. El día de “Todos los santos” de 1953, comenzó también a ofrecer sufrimientos expiatorios por ellas. Tuvo, por ejemplo, que sufrir mucho por un oficial muerto en Kürnten en 1660. Un sacerdote de Colonia, muerto el año 555, le pidió también sufrimientos expiatorios, pues de otro modo, debía sufrir hasta el fin del mundo por sus misas sacrílegas, adulterios, falta de fe y haber participado en martirizar a las compañeras de Santa Úrsula.

También tuvo que sufrir mucho por las prácticas anti-concepcionistas y la impureza de las almas que se le aparecían. Algunas almas le pedían que libremente aceptara sus sufrimientos para su liberación y purificación. Por ejemplo, una tal Berta, francesa, muerta en 1740 dos señoritas de Innsbruck, muertas en un bombardeo; un sacerdote italiano, etc. María siempre ha aceptado generosamente estos sufrimientos que le pedían y nunca los ha rechazado.

En 1954 comenzó un modo nuevo de ayudar a las almas. Un cierto Paul Gisinger de Koblach le pidió que les dijera a sus 7 hijos que dieran en su nombre 100 chelines para las misiones e hicieran celebrar dos misas, porque sólo así podía ser liberado. Después siguieron otras demandas análogas en favor de las misiones y de celebrar misas.
En octubre y noviembre hasta el 8 de diciembre (fiesta de la Inmaculada) de ese año 1954, venían cada noche a pedir oraciones o sufrimientos. Ella, poco a poco, pidió la ayuda de otras personas para poder atender sus peticiones. Cuando se trataba de sufrimientos para aliviar a sacerdotes, las oraciones y sacrificios debían ser hechas por sacerdotes.

Las almas del purgatorio se le aparecen de diversas formas y en diversas maneras. Algunas tocan la puerta, otras aparecen de improviso. Unas se muestran con apariencia humana, como eran cuando vivían su vida aquí en la tierra, normalmente vestidas como en días de trabajo, no de fiesta. Otras se aparecen bajo formas de animales que dan miedo o en formas difusas.
A veces, están envueltas entre llamas, dando un aspecto terrible. Cuanto más purificadas y limpias de pecado están, más luminosas y cariñosas se presentan. Con frecuencia, cuentan cómo han pecado y cómo se han librado del infierno gracias a la misericordia de Dios.
Durante la Cuaresma, se presentan día y noche para pedirle que sufra y ore por ellas. Las que son extranjeras hablan en alemán con acento extranjero. Las almas le dicen que ella es de los nuestros. Cuando ella preguntó qué significaba ser de los “nuestros“, le dijeron que con su voto de ánimas se había entregado a la Madre de la misericordia en favor de ellas.
Ella te ha hecho nuestra ayuda, por eso ahora eres nuestra, le dijeron.

Las noticias, que las almas le dan sobre sus familiares vivos, son siempre exactas. En la avalancha que, en 1954, sepultó mucha gente aquí cerca, las almas le dijeron que había algunos vivos bajo la nieve. Por eso, intensificaron la búsqueda y pudieron encontrar algunos vivos más, gracias a los relatos que María Simma recibió de las almas.

El demonio también se le ha presentado en ocasiones, para desanimarla de su misión. Una vez se le presentó como un ángel de luz; otra, como el sacerdote de la parroquia. Algunas personas se han escandalizado, porque pide a algunos de los familiares limosnas para las misiones o que se hagan celebrar misas por las almas. Pero ella nunca ha aceptado dinero, el dinero debe ser entregado directamente en la parroquia o en la curia episcopal.

Dice que las almas de los católicos sufren mucho más que las de los protestantes, porque tuvieron más gracias, pero la fe católica es la mejor para ganar el cielo. Además, los católicos tienen la posibilidad de recibir más ayuda de otros y ser liberados más rápidamente, ya que los protestantes no creen en el purgatorio y no rezan por sus difuntos.

A ella se le ha revelado la maravillosa armonía que existe entre el amor y la justicia divina. Cada alma es purificada de acuerdo a la naturaleza de sus culpas. La duración es muy variada. El tiempo medio es de 40 años, pero hay quienes deban quedarse en el purgatorio sufriendo hasta el juicio final, que ha de ser en el último día del fin del mundo.

Otros sólo sufren media hora, como si atravesaran el purgatorio en un vuelo. Lo que sí es cierto es que las almas sufren con una paciencia admirable y alaban la misericordia divina y suplican a María, Madre de Misericordia, agradeciéndole por haberse salvado y evitado el infierno eterno con todos los sufrimientos espantosos que hay allí.

La Virgen María va al purgatorio, con frecuencia, a consolar a las almas. También va San Miguel Arcángel. Y allí están también los ángeles custodios de las almas, acompañándolas hasta su liberación final. La ayuda que necesitan es, sobre todo: las Misas, Rosarios y sufrimientos corporales aceptadas con paciencia y amor a Dios, en favor de las almas.
También es bueno el Vía-Crucis y dar limosnas para las misiones. Las indulgencias tienen un valor inmenso aplicarlas en favor de las almas. Es una crueldad no aprovechar este tesoro, que la Iglesia nos propone para las almas.
Supongamos que estuviésemos delante de una montaña llena de monedas de oro y tuviésemos la posibilidad de cogerlas ¿no sería cruel rechazarlas y no poder ayudar a tantos necesitados?.
En resumen, María Simma tiene una vocación especial. Se trata de un apostolado y de una ayuda en favor de las almas del purgatorio”.

Firmado Padre R. Alfonso Matt, parroquia de Sonntag, 20 de febrero de 1955.

LA RELACIÓN CON LAS ALMAS DEL PURGATORIO.

María Simma era una anciana mujer que vivió hasta el día de San José del año 2004 en las montañas Austríacas. Desde temprana edad ella recibió de Dios el don de recibir la presencia sobrenatural de las almas del Purgatorio, que acuden a ella en busca de oración y ayuda para acortar su tiempo de expiación con sufrimientos.

Sor Emanuel, muy reconocida por aquellos que conocen la aparición de María en Medjugorje, tuvo la oportunidad de realizarle un reportaje en su humilde casa en la montaña, el cual fue documentado en un hermoso libro.

Extractamos aquí algunas partes importantes de este libro titulado "El maravilloso secreto de las Almas del Purgatorio - Sor Emanuel y María Simma" (prácticamente la totalidad del libro está reflejada en este posteo).

María Simma tuvo desde niña un especial interés por las almas del Purgatorio, y fue esa la misión que Dios le dio para esta vida cuando tuvo la edad de 25 años. Adecuadamente asistida por su confesor y director espiritual, y bajo el cercano seguimiento del Obispo del lugar, María vive una vida donde la Presencia sobrenatural se vuelve cotidiana. Las almas se presentan a ella buscando ayuda, y también dando testimonio de sus sufrimientos, su vida en la tierra y su deseo profundo de llegar cuanto antes a estar en la Presencia de Dios en forma definitiva.

Los conocimientos que las almas del Purgatorio le refieren son una hermosa y fuerte confirmación de toda la Doctrina sobre la que se funda la Iglesia Católica, y una invitación a todos nosotros a vivir una activa y sincera práctica de los sacramentos. Pero, por sobre todo, María Simma nos invita a una práctica cotidiana del amor como la puerta más importante para la salvación de nuestra alma. El amor cura y cubre muchos de nuestros pecados, a la hora de nuestro juicio particular.

En este testimonio confirma lo que su corazón estaba buscando, que Jesús y María se expresan a través de las palabras de María Simma, invitándonos a una conversión sincera y profunda, basada en el amor por Dios y por todos nuestros semejantes. Nuestra Santa Iglesia florece en las palabras de esta humilde mujer, cuyo amor por Dios la ha llevado a grandes y constantes sacrificios. Un alma humilde puede obrar muchos milagros, ya que agrada a los ojos del Creador, que la toca con la gracia y la convierte en un instrumento de evangelización.
Eso es, en breves palabras, lo que representa María Simma.

EL REPORTAJE DE SOR EMMANUEL A MARÍA SIMMA.


(Los comentarios y las preguntas son realizadas por Sor Emanuel)

Sor Emanuel: Hola María aquí estamos.



¿Puedes contarnos ahora cómo fuiste visitada, la primera vez, por un alma del Purgatorio?

María Simma: Sí, fue en el año 1940, de noche, a las 3 o 4 de la madrugada. Oí a alguno que iba y venía en mi cuarto. Esto me despertó. Miré para ver quien pudiese haber entrado en mi cuarto.

-¿Tuviste miedo?

- No, yo no soy nada miedosa. Cuando yo era pequeña, mi madre me decía que era una niña del todo especial, porque nunca tenía miedo.

-¿ Y entonces, qué pasó esa noche? ¡Cuéntanos!

- Oh, vi que era un extraño. Iba y venía lentamente. Le pregunté con tono severo:

"¿Cómo has entrado aquí?, ¿qué has perdido?, ¿qué quieres?".

Pero él continuaba caminando en mi cuarto, de aquí para allá, como si nada fuese. Entonces le volví a preguntar: "¿Qué haces?", ¿Qué quieres?. Y puesto que continuaba a no querer responderme, me levanté de un salto para aferrarlo, pero no toqué mas que el aire, y el hombre había desaparecido...
Entonces regresé a la cama, y de nuevo comencé a sentir, que algo iba y venía. Me preguntaba por qué veía allí a ese hombre, y por qué no podía aferrarlo, ni tocarlo. Me levanté de nuevo para tomarlo y para hacer que desistiese de caminar. Nuevamente me topé con la nada.

Quedé perpleja. Volví a acostarme. No volvió otra vez, pero aquella noche no conseguí dormir. Al día siguiente, después de misa, fui a ver a mi director espiritual y le conté lo sucedido. El me dijo: "Si todo esto vuelve a pasar, no preguntes: "¿Quien eres?, sino dile, ¿“Qué quieres de mí"?.

La noche siguiente el hombre regresó. Era el mismo, y yo le pregunté: "¿Qué quieres de mí?". Me respondió: "Haz celebrar tres misas por mí y yo seré liberado del Purgatorio". Entonces comprendí que era un alma del Purgatorio. Mi padre espiritual me lo confirmó. Me aconsejó de no rechazar jamás a las almas del Purgatorio, y de acoger con generosidad sus pedidos.

- Y después, ¿continuaron las visitas?

- Sí, durante algunos años venían tres o cuatro almas solamente, sobre todo en el mes de noviembre, mes de los difuntos. Luego no vinieron más.

- ¿Y qué te piden estas almas?

- Muchas veces piden de hacer celebrar misas y de asistir a esas misas, y si comulgamos mejor; piden de recitar Rosarios, y también de hacer el Vía Crucis. Esto es lo más pedido por las almas. Misas, Rosarios y Vía Crucis.

- A este punto se nos plantea una pregunta, que es fundamental para todos:

¿Qué es exactamente el Purgatorio?

- Yo diría que es una invención genial por parte de Dios. Y aquí quisiera proponerles una imagen toda mía, la cual a mí se me ocurrió. Supongan que un día se abre una puerta y aparece un ser extraordinariamente bello, de una belleza tal, nunca vista sobre la tierra.

Aquí quedan fascinados, trastornados por este "SER" de luz y de belleza, tanto más que él demuestra estar locamente enamorado de ustedes, que los ama profundamente y quiere darles lo mejor (como nunca se hubiesen imaginado); y ustedes se dan cuenta que también él tiene un gran deseo de atraerlos a sí, de abrazarlos; y el fuego del amor que quema ya en sus corazones los empuja seguramente a precipitarse entre sus brazos.

Pero ustedes, se dan cuenta, en ese preciso instante, de que hace meses que no se duchan, que huelen mal, que se sienten horriblemente feos; tienen la nariz que chorrea, los cabellos grasosos y pegoteados, horribles manchas de suciedad sobre la ropa, etc., etc.

Entonces se dicen a sí mismos: "¡No, no es posible que yo me presente en este estado!.
Es preciso que antes me lave, me duche, y luego, rápidamente, regrese a verlo…". Pero he aquí que el amor nacido en sus corazones es tan intenso, tan fuerte, tan abrasador, que este atraso debido a la ducha es absolutamente insoportable. Y el dolor mismo de la ausencia, aunque dure sólo pocos minutos, causa un ardor atroz en el corazón. Y, ciertamente, este ardor es proporcional a la intensidad de la revelación del amor: es una Llama de amor...

Pues bien, el Purgatorio es exactamente esto. Es un atraso impuesto por nuestra impureza, un atraso antes del abrazo de Dios, una Llama de amor que hace sufrir terriblemente; una espera, o si quieren, una nostalgia, del Amor. Es precisamente esta Llama, esta ardorosa nostalgia la que nos purifica de todo lo que aún es impuro en nosotros. Me atrevería a decir que el Purgatorio es un lugar de deseo, del deseo loco de Dios, de Dios que ya ha sido reconocido y visto, pero al cual el alma todavía no se ha unido con su creador.

Las almas del Purgatorio hablan con frecuencia con La Virgen María sobre ese gran deseo, de esa sed que tienen de Dios, y cómo ese deseo es para ellas profundamente doloroso; es, sin duda, una verdadera agonía. En la práctica el Purgatorio es una gran crisis, una crisis que nace de la falta de Dios, de no poder disfrutar, ver y sentirse abandonados de Dios.

Sobre esto he querido que María nos precisara un punto fundamental sobre las almas:

- María, ¿las almas del Purgatorio demuestran alegría y esperanza en medio de sus agonías y sufrimientos?

- Sí, absolutamente!. Ningún alma quisiera volver del Purgatorio a la tierra, jamás!
Porque ellas ya tienen un conocimiento de Dios infinitamente superior al nuestro, y no podrían nunca más decidirse a regresar a las tinieblas que representan este mundo. Apesar de que este mundo es muy hermoso, lleno de paisajes, flores, el mar, los ríos, las montañas, todas maravillas hechas por Dios para los seres humanos, aún así ellas no ansían para nada volver aquí, han conocido lo perfecto y desean unirse a lo perfecto, que es Dios.

He aquí, entonces, la gran diferencia entre los sufrimientos del Purgatorio y los de la tierra: en el Purgatorio, aunque sea terrible el dolor del alma, la certeza que se tiene de vivir con Dios es tan fuerte e indestructible que el gozo de esta certeza supera aun el dolor; y por nada del mundo esas almas quisieran volver a vivir sobre la tierra donde, al fin de cuentas, nunca se tiene la seguridad de nada hasta el último instante de vida.

- María, ¿ahora podrías decirnos si es Dios quien envía un alma al Purgatorio, o si, en cambio, es el alma misma quien decide de ir allí?

- Es el alma misma quien quiere ir al Purgatorio para purificarse, antes de entrar en el Paraíso. Pero aquí es preciso decir también que el alma, cuando está en el Purgatorio, adhiere perfectamente a la voluntad de Dios; por ejemplo, se complace del bien y desea nuestro bien; experimenta tanto amor por Dios, y también por quienes aún estamos en la tierra.
Estas almas están perfectamente unidas al Espíritu de Dios o, si quieren, a la Luz de Dios.

- María, ¿en el momento de la muerte, se ve a Dios en plena luz, o en manera aún confusa?.

- En manera aún confusa; con todo, hay una claridad tal, que basta, ciertamente, para tener nostalgia, y palpar a Dios Nuestro Señor con toda su bondad, cariño y mucho, mucho Amor.

¡Es verdad!. Es una luz resplandeciente, en relación a las tinieblas de la tierra; pero todavía es nada con respecto a la Luz que el alma conocerá en el Cielo. Del resto, a tal propósito, podemos hacer una confrontación con las experiencias de las que se habla en el libro "La Vida después de la muerte": muchísimas de esas personas que, de un estado de pre-muerte (por coma, paro cardíaco, etc.), han entrevisto algo del más allá, quedaron tan fascinadas de esa luz, que para ellas ha sido una verdadera agonía y mucha angustia retornar a la común existencia sobre la tierra, después de aquella bellísima experiencia.

- María, ¿puedes decirme cuál es el papel de la Virgen con respecto a las almas del Purgatorio?

- Sí, va frecuentemente al Purgatorio para consolarlas y decirles que han hecho bien tantas cosas, y les da ánimo y mucho coraje.

- ¿Hay días especiales en los cuales Ella las libera?

- Si, sobre todo el día de "Navidad", el 25 de Diciembre es una gran Fiesta, muchísimas almas ése día abandonan el Purgatorio y van al Cielo; también el 1 de Noviembre, el día de Todos los Santos, el Viernes Santo es muy solemne si hacemos el Vía Crucis y los ofrecemos por las almas, allí se liberan cientos de almas; las libera también el día de su Asunción y en el de la Ascensión de Jesús.

- Pero, María, ¿por qué se va al Purgatorio?
¿Cuáles son los pecados que conducen con frecuencia a las almas al Purgatorio?

- Son los pecados contra la caridad, contra el amor hacia el prójimo, la dureza del corazón en perdonar, la hostilidad, la calumnia, la mentira y si hace daño es peor, lo que provoca separación, enfrentamientos; sí, todas estas cosas. Sé que la maldición y la calumnia se cuentan entre las culpas más graves que necesitan una larga y penosa purificación.

María, al respecto, nos ofrece un ejemplo que la ha impactado mucho, y es un testimonio que quiero contarles. Se trata de un hombre y de una mujer; de ellos se le pidió se informase si estaban en el Purgatorio. Con gran asombro de quienes se lo habían pedido, la mujer ya estaba en el Paraíso y el hombre en el Purgatorio.

Pero en realidad esa mujer había muerto después de un aborto, mientras que el hombre iba con frecuencia a la iglesia y llevaba una vida, aparentemente, bastante digna y piadosa. Entonces María se informa nuevamente, pensando que podría haberse equivocado. Pero no, era tal cual: en realidad los dos murieron contemporáneamente, pero la mujer se había arrepentido sinceramente de lo que había hecho, y había sido muy humilde; en cambio el hombre, aunque religioso, juzgaba todo y a todos, siempre se lamentaba, hablaba mal de la gente, y criticaba.

Por eso su purgatorio era muy largo y penoso. Y María concluyó: "Nunca se debe juzgar según las apariencias, hay dejar en manos de Dios, Él lo sabe todo, y sabrá como aplicar justicia".
Otros pecados contra la caridad son, por cierto, todos nuestros repudios hacia algunas personas que no amamos, nuestro rechazo en hacer las paces, en perdonar, y todos los rencores que encerramos en el corazón.

Al respecto María nos reveló un testimonio que nos hace reflexionar. Es la historia de una persona que ella conocía muy bien. Esta persona había muerto. Era una mujer y se encontraba en el Purgatorio, padeciendo sufrimientos, terribles, atroces.

Y cuando el alma de la mujer visitó a María, ella le preguntó el porqué estaba sufriendo tanto; y el porqué era que ella tenía una amiga, sí, una amiga con la cual surgió una enemistad muy grande; y esa enemistad había sido causada por ella misma y, a pesar de todo, había conservado su rencor por años y años; y cuando su amiga, en varias circunstancias, había venido a pedirle de hacer las paces, de reconciliarse, ella la rechazaba; y cuando cayó gravemente enferma, seguía teniendo cerrado su corazón, a rechazar la paz que se le proponía; y hasta en el lecho de muerte, aquella amiga había venido a suplicarle de hacer las paces; pero aún gravemente enferma y casi moribunda, ella había rechazado reconciliarse.

Por ese motivo se encontraba aún en un purgatorio muy doloroso, y por eso había venido a pedir ayuda a María.

Este testimonio sobre la gravedad de conservar el rencor es muy significativo. Por lo que se refiere a las palabras, nunca se dirá bastante acerca de cómo una palabra de crítica, una palabra malévola pueda realmente matar, y también cómo una buena palabra pueda curar.

- Entonces, María, ¿puedes decirnos quienes son los que tienen mayores posibilidades de ir directamente al Cielo?

- Son aquellos que tienen un corazón bueno, un corazón bueno hacia todos; quienes socorren las necesidades materiales o espirituales de quienes lo necesitan. La caridad cubre una multitud de pecados.

Sí, es San Pablo quien nos lo dice.

- Y ¿cuáles son los medios que podemos emplear sobre la tierra para evitar el Purgatorio e ir derecho al Cielo?

- Debemos hacer mucho por las almas del Purgatorio, porque son ellas quienes, a su vez, nos ayudan. Hay que tener mucha "humildad", con la humildad, conseguimos todo: ésta es el arma más grande y poderosa contra el demonio. La humildad elimina el mal, y nos hace santos.

A este punto no resisto al deseo de referir un bellísimo testimonio del Padre Berlioux (que ha escrito un hermoso libro sobre las almas del Purgatorio), con relación a la ayuda ofrecida por estas almas a aquellos que las ayudan con oraciones, sacrificios y sufragios:

"Se cuenta que una persona muy amiga de las almas del Purgatorio había consagrado toda su vida y ofrecido todos sus sacrificios y oraciones en favor de las almas del Purgatorio. Habiendo llegado la hora de su muerte, fue asaltada con terrible furor por el demonio que la veía a punto de escapársele, quien trataba de arrebatar su alma, y mortificarla.

Parecía que el abismo entero se había puesto contra ella, de repente se vio rodeada de una jauría de demonios infernales. La moribunda luchaba desde hacía tiempo entre los esfuerzos más penosos, cuando todo de un golpe vio entrar en su casa una multitud de personajes desconocidos, pero resplandecientes de belleza, que pusieron en fuga a los demonios con terribles alaridos y, acercándose a su lecho, le dirigieron palabras de aliento y de consolación totalmente celestiales.

Emitiendo entonces un profundo suspiro, y llena de alegría, gritó: ¿quiénes son ustedes? ¿quiénes son los que me hacen tanto bien?.

Aquellos buenos visitantes respondieron: "Nosotros somos habitantes del Cielo, que tu ayuda ha encaminado a la felicidad eterna, y, como reconocimiento, venimos a ayudarte para que cruces el umbral de la eternidad y te libres de este lugar de angustia y te introduzcas en las alegrías de la Ciudad Santa".

Con estas palabras una sonrisa iluminó el rostro de la moribunda. Sus ojos se cerraron y ella se durmió en la paz del Señor. Su alma, pura como una paloma, presentándose al Señor de los Señores, encontró tantos protectores y abogados entre las almas que ella había liberado con sus oraciones y sacrificios; y reconocida digna de la gloria, entró allí triunfalmente, en medio de los aplausos y las bendiciones de quienes había liberado del Purgatorio".

¡Ojalá que también nosotros, un día, podamos tener la misma suerte!. Entonces hay que decir que las almas, sí, las almas liberadas por nuestras plegarias y sacrifios, son sumamente agradecidas. Les aconsejo, pues, que hagan la experiencia; las almas nos ayudan, conocen nuestras necesidades y nos obtienen muchas gracias celestiales.

- Entonces María, ahora pienso en el buen ladrón, en aquel que estaba crucificado junto a Jesús, y me gustaría saber que hizo para que Jesús le prometiese que, ese mismo día, estaría con él en el Paraíso.

- El aceptó humildemente su sufrimiento diciendo que era algo justo. Alentó al otro ladrón a aceptar también él su condición. El tenía el temor de Dios, es decir, era humilde.

Otro hermoso ejemplo, que nos contara María Simma, demuestra cómo un gesto de bondad puede rescatar, en poquísimo tiempo, una vida de pecado. Escuchemos lo narrado con sus mismas palabras:

"Conocía a un joven de unos veinte años. Vivía en un pueblo vecino al mío. Este pueblo había sido duramente golpeado y destruido por una serie de aludes que mataron un gran número de habitantes. Era en el año 1954. Una noche ese joven se hallaba en la casa de sus padres. Imprevistamente un terrible alud se abate precipitando cerca de su casa.

El oye gritos desgarradores, gritos lastimeros que invocan: "¡Ayúdennos! ¡Sálvennos! ¡Vengan a socorrernos!... ¡Somos arrollados por los aludes!... ". De inmediato el joven se levantó y se precipitó para socorrer a esas personas. Pero su madre, que había oído los gritos, le impidió pasar, cerró la puerta y dijo: "¡No, otros deben socorrerlos, nosotros no!.

Afuera es demasiado peligroso. No quiero que haya un muerto más": Pero él, puesto que había sido impactado por esos gritos y quería verdaderamente socorrer a esa gente, empuja a su madre y dice: "¡Sí, yo voy! ¡No quiero dejarlos morir así!': y salió. Pero también él, a lo largo del trayecto, fue embestido por un alud y murió...

Dos días después de su muerte, él vino a visitarme de noche y me dijo: "Haz celebrar tres misas por mí, así seré liberado del Purgatorio". Yo fui a dar cuenta de ello a su familia y a sus amigos. Ellos quedaron muy sorprendidos al oír que, solamente con tres misas, se libraría del Purgatorio. Alguno de sus amigos agregó "Yo no hubiera querido estar en su lugar en la hora de la muerte. ¡Si hubiesen visto todas las fechorías que cometió!... ".

Pero ese joven, con posterioridad, me declaró: "Yo he cumplido un acto de amor puro poniendo a riesgo mi vida y donándola por aquellas personas; y es gracias a esto que el Señor me ha acogido tan rápidamente en Su Cielo. Es verdad, la caridad cubre una multitud de pecados".

En este episodio se ve cómo un solo acto de amor desinteresado ha sido suficiente para purificar a ese joven de una vida de fechorías; y el Señor ha aprovechado de ese instante de amor para llamarlo y llevarlo a su lado. María, en efecto, ha dicho que este joven quizás nunca hubiese tenido en su vida la ocasión de realizar un acto de amor tan fuerte, y quizás se hubiese convertido en un hombre malvado. El Señor, en Su Misericordia, lo ha llamado a sí justo en el mejor momento, en el momento más puro a causa de ese acto de amor.

Ahora he aquí otro episodio que demuestra cómo el Señor acepta y valoriza también un simple acto de bondad:

- El alma de una mujer se presentó, un día, con una cubeta en mano. "¿Qué haces con ese cubeta?", le pregunté. Es la llave de mi Paraíso, respondió radiante. No he orado mucho durante mi vida; raramente iba a la iglesia pero solo una vez, antes de Navidad, he limpiado gratuitamente toda la casa de una pobre anciana. Ha sido mi salvación ".
Dios en su infinita Bondad y Misericordia me lo ha tomado en cuenta y esta es la prueba de que todo depende de la caridad hacia el prójimo.

Es también importante, cuando se está a punto morir, abandonarse a la voluntad de Dios, por ejemplo decirle con humildad; Señor me entrego en tus manos, me refugio en tus Santísimas Llagas y en tu Sagrado Corazón. Señor cúbreme con Preciosísima Sangre. Perdóname y sálvame.
María me narró el caso muy hermoso de una madre de cuatro hijos que estaba por morir. En vez de rebelarse y de inquietarse ella dijo al Señor: "Acepto la muerte, en el momento que tú lo quieras, y pongo mi vida en tus manos. Te confío mis hijos y sé que tú te encargarás de ellos". María me dijo que, a causa de esta inmensa confianza en Dios, esa mujer fue directamente al Cielo sin pasar por el Purgatorio.

Verdaderamente se puede decir que el "amor" a Dios y al prójimo; la "humildad" ante Dios y ante todos; y el "abandono" en Dios son tres llaves de oro que nos hacen entrar directamente al Cielo, sin pasar por el Purgatorio.

- María, ¿podrías decirnos cuáles son los medios más eficaces para facilitar la liberación de las almas del Purgatorio?

- EI medio más eficaz es la Santa Misa.

- ¿Por qué la Santa Misa?

- Porque es Cristo quien se ofrece por amor nuestro. Es la ofrenda del mismo Cristo a Dios, la más bella de las ofrendas. El sacerdote es el representante de Dios y es el mismo Dios que se ofrece y se sacrifica por nosotros. La eficacia y el efecto de la Misa por los difuntos es tanto mayor cuanto más grande ha sido la estima que los difuntos tuvieron por la Misa cuando vivían aquí en la tierra.

Si en esas Misas han orado con todo el corazón y si han asistido también durante la semana, según el tiempo disponible que tuvieron en la tierra, ellos sacarán un enorme provecho de las misas que se celebran en favor de ellos.
También en esto se recogerá lo que se ha sembrado. Además de ir nosotros a misa, no nos olvidaremos de invitar a nuestros hijos a que asistan a estas Misas, y, si posible, invitemos a nuestros vecinos y amigos. Ningún padre, ninguna madre, ningún catequista puede poner en el corazón del niño lo que Nuestro Señor personalmente le da, en gracias, durante la Misa y la Comunión.

Agregaré que un alma del Purgatorio ve muy bien el día de sus funerales: si se reza verdaderamente por él o si, simplemente, se hace acto de presencia para mostrar que está allí. Ellas dicen que las lágrimas y las flores no les sirven para nada, no las ayudan ni las alivian de sus dolores.
En cambio sirve de mucho la oración; el sacrificio, las misas, y ganar indulgencias en favor de ellas.
Con frecuencia esas almas lamentan el hecho de que las personas asisten a su sepultura, pero no elevan ni una sola plegaria a Dios; derraman muchas lágrimas por ellas, se duelen y se lamentan, pero eso es inútil, no las ayudan para nada. A almas les duele mucho esta actitud y esperan mucho en vano la ayuda de sus parientes y amigos más cercanos.

Con relación a la Misa, quisiera citarles un hermoso ejemplo narrado por el santo Cura de Ars a sus parroquianos: "Hijos míos, un buen sacerdote había tenido la desgracia de perder un amigo muy querido. Por eso rezó mucho por la paz de su alma. Un día Dios le hizo saber que su amigo estaba en el Purgatorio y sufría terriblemente.

Este santo sacerdote pensó que no podía hacer algo mejor que ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa por su querido difunto. En el momento de la Consagración, tomó la Hostia entre sus manos y dijo:
"Padre Santo y Eterno, en tus manos divinas está el alma de mi amigo en el Purgatorio y en mis pobres manos de ministro tuyo está el Cuerpo de Tu Hijo Jesús. Pues bien, Padre Bueno y Misericordioso, libra a mi amigo del Purgatorio y yo te ofrezco a Tu Hijo junto con todos los méritos de Su Gloriosa Pasión y Muerte".
Este pedido fue escuchado. De hecho, en el momento de la elevación, el cura de Ars vio que el alma de su amigo subía al Cielo resplandeciente de gloria. Dios había aceptado la ofrenda.

"Por eso hijos míos, concluyó el santo Cura de Ars, cuando querramos liberar a nuestros seres queridos que están en el Purgatorio, hagamos lo mismo. Ofrezcamos al Padre, por medio del Santo Sacrificio, a Su Hijo Dilecto, junto con todos los méritos de Su Pasión y Muerte, así el Padre Eterno no podrá rechazarnos nada".

Otros medios muy eficaces para ayudar a las almas del Purgatorio son el ofrecimiento de nuestros sufrimientos, nuestras mortificaciones y el sufrimiento voluntario, como por ejemplo el ayuno, las privaciones, etc. Y, naturalmente, también los sufrimientos involuntarios como las enfermedades, los lutos: aceptando la muerte de algún ser querido, los abandonos...

- María, tú fuiste invitada, muchas veces, a sufrir por las almas del Purgatorio para liberarlas. ¡Puedes decirnos qué has vivido y probado en esos momentos!

- La primera vez un alma (era una mujer) me preguntó si quería sufrir tres horas, en mi cuerpo, por ella; y agregó que luego yo podría retomar mi trabajo. Yo me dije: "Si es sólo por tres horas, quiero aceptar".
Esas tres horas me parecieron que durasen como tres días, tan terribles eran los sufrimientos. Pero, al final, miré el reloj y vi que habían pasado sólo tres horas. El alma de la mujer luego me dijo que, habiendo aceptado sufrir con amor esas tres horas, le había ahorrado veinte años de Purgatorio.

- María, ¿por qué, una vez llegados al Purgatorio, no se pueden adquirir méritos y, en cambio, mientras se está en la tierra siempre se los pueden adquirir?

- Porque en el momento de la muerte los méritos se terminan. Mientras uno vive en la tierra puede reparar el mal que ha cometido antes. Las almas del Purgatorio tienen una santa envidia por esta posibilidad nuestra. Hasta los Ángeles son celosos de nosotros, porque tenemos la posibilidad de "crecer espiritualmente" mientras estamos sobre la tierra y ganar muchos méritos para nosotros o para las almas del Purgatorio.

Pero muchas veces sucede todo lo contrario, la aparición del sufrimiento en nuestra vida como una enfermedad, o una desgracia, no es grato, y en nuestro interior lo rechazamos. Y es natural que así sea, el ser humano quiere ser feliz, le damos la espalda al sufrimiento, no nos gusta sufrir, nos hace sentirnos mal y tenemos dificultad en aceptarlo y vivirlo como corresponde.

- Entonces, ¿cómo vivir el sufrimiento para que pueda dar frutos?

- Los sufrimientos son la prueba más grande del amor de Dios, y si se ofrecen a Dios de corazón y aceptando lo que vendrá, y en favor de las almas del purgatorio, o en favor de algún necesitado, se pueden ganar muchos méritos, y aplicarlos, como en este caso para las almas.
- Pero ¿qué hacer para recibir los sufrimientos como un don, y no (como se hace con frecuencia) como un castigo?

- Hay que ofrecerlo todo a la Virgen Santísima, pues ella sabe mejor que nadie quién necesita esta o aquella ofrenda para ser salvado.

Quisiera referir aquí un testimonio que María me ha contado a propósito del sufrimiento. El hecho ocurrió en el año 1954. Una serie de avalanchas muy desastrosas se abatieron sobre un pueblito cercano al de Mana, causando gravísimos daños. Otros aludes se habían precipitado en dirección al pueblito de María. Pero aquí sucedió que los aludes se detuvieron ante el pueblito en modo ciertamente milagroso, sin causar algún daño.

Las almas dijeron a María que en ese pueblito había vivido y muerto una mujer que, durante treinta años, estuvo enferma y había sido cuidada muy mal; había sufrido terriblemente durante todos esos años, ofreciendo todos sus dolores por el bien de su pueblito. Las almas revelaron a María que, gracias al ofrecimiento de aquella mujer, el pueblito se había salvado.

Ella había ofrecido sus sufrimientos durante 30 años y los había soportado con paciencia.
María nos dice que, si aquella mujer hubiese gozado de buena salud, no hubiese podido proteger a su pueblito; agrega que con el sufrimiento, pacientemente soportado, se pueden salvar más almas que con las oraciones. No tenemos que ver siempre el sufrimiento como un castigo. Puede ser aceptado como "expiación", no sólo para nosotros mismos, sino sobre todo para los demás. Jesucristo era inocente, y fue El quien sufrió más que todos para expiar por nuestros pecados.

Sólo en el Cielo sabremos totalmente lo que hemos obtenido por medio del sufrimiento soportado pacientemente, en unión con los méritos y sufrimientos de Cristo en la cruz.

- María, ¿se da una cierta rebeldía o queja por parte de las almas del Purgatorio a causa de sus sufrimientos?

- No, ellas quieren purificarse y comprenden que los sufrimientos son necesarios.

- ¿Cuál es el valor de la contrición y del arrepentimiento en el momento de la muerte?

- La contrición es importantísima. Los pecados cualquiera sean, son perdonados, pero queda la consecuencia del pecado. Si se quiere obtener la indulgencia plenaria en el momento de la muerte, esto es, ir derecho al Cielo, el alma tiene que estar libre de toda atadura.

Ahora quisiera referir un testimonio muy significativo que nos ha contado María. Le habían pedido que se informara sobre una mujer cuyos parientes la creían perdida, pues había vivido una vida muy mala y estaba totalmente inmersa en el pecado.
Fue víctima de un accidente: se había caído del tren que, en su marcha, la había arrollado y matado. Un alma dijo a María que esa mujer se había salvado del Infierno porque, en el momento de la muerte, había dicho a Dios:

"Tú haces bien en permitir que ya no tenga más vida, porque así ya no podré ofenderte",
y eso ha cancelado todos sus pecados. Y esto es muy significativo, porque un solo acto de humildad, de arrepentimiento en la hora de la muerte, nos salva.
Eso no significa que esa mujer no haya pasado por el Purgatorio; pero se salvó del infierno, que lo tenía bien merecido a causa de su mala conducta.

- María, quisiera preguntarte en el momento de la muerte;

¿se da un tiempo en el que el alma tiene la posibilidad de dirigirse a Dios antes de entrar en la eternidad, un tiempo, si se quiere, entre la muerte aparente y la muerte real?

- Sí, el Señor Dios da a cada alma algún instante para que se arrepienta de sus pecados y se decida si acepta o no acepta llegar a Dios.
En ese breve tiempo se ve como una película la propia vida.

Yo conocía a un hombre que creía en los preceptos de la Iglesia, pero no en la vida eterna; un día se enfermó gravemente y entró en coma. Entonces él se vio en una sala con una pizarra en la que estaban escritas todas sus acciones: tanto las buenas como las malas; luego la pizarra desapareció, también las paredes de aquella sala, y todo era infinitamente bello.
Luego se despertó del coma y decidió cambiar de vida.

Este episodio es semejante a tantos otros refrendos en el libro "La vida más allá de la vida": la experiencia momentánea de la luz sobrenatural es tal que esas personas no pueden vivir más como vivían antes.

- Entonces, María, ¿en la hora de la muerte, Dios se revela con la misma intensidad a todas las almas?

- A cada alma se le da el conocimiento de su propia vida, y también del sufrimiento futuro, pero esto no es igual para todos. La intensidad de la revelación del Señor depende de la vida de cada alma.

- María, ¿el diablo tiene el poder de atacarnos en el instante de nuestra muerte?

- Si, pero el hombre tiene también la gracia de resistirlo y de rechazarlo, porque, si el hombre no quiere y no lo acepta, el demonio no puede hacer nada y huye.

- María, ¿qué consejos darás a quien quisiera hacerse santo ya en esta tierra?

- Ser humildísimo. Tener mucha humildad ante Dios sobre todo, y ante los demás. No debe ocuparse de sí mismo. Debe huir del orgullo y la soberbia, que es la trampa más peligrosa que tiende el Maligno.

- María, ¿podrías decirnos si se puede pedir al Señor de hacer su propio Purgatorio en la tierra para no hacerlo después de la muerte?

- Oh, sí. He conocido un sacerdote y una muchacha, los dos estaban enfermos en el hospital. La muchacha decía al sacerdote que ella pedía al Señor de poder sufrir en la tierra tanto cuanto fuera necesario para ir directamente al Cielo, y el sacerdote respondió que él no se atrevía a pedir eso a Dios.

Junto a ellos había una religiosa que escuchaba toda la conversación. Luego la muchacha murió antes, y poco después murió también el sacerdote; él se apareció a la religiosa diciéndole: "Si hubiese tenido igual confianza que esa muchacha, también yo hubiese ido directamente al Cielo".

- Gracias por este hermoso testimonio, María.

Ahora María me pide 5 minutos de descanso pues tiene que dar de comer a las gallinas.

Vuelvo a ver a María en seguida y continuamos con nuestras preguntas sobre el Purgatorio.

- Sí, por cierto María, dime, ¿Jesús no va al Purgatorio?.

- Ningún alma me lo ha dicho. Es la Madre de Dios, La Santísima Virgen María quien va. Una vez pregunté a un alma del Purgatorio si debía ir ella misma a buscar a las almas de las que pedían noticias. Me respondió que no: es la Madre de Misericordia quien da noticias.
Ni siquiera los santos van al Purgatorio; en cambio los Ángeles están allí: San Miguel... y cada alma tiene cerca a su Ángel Custodio.

- ¡Qué estupendo, los Ángeles están con nosotros! Pero, ¿qué hacen los Ángeles en el Purgatorio?

- Alivian, consuelan, alientan y dan coraje a las almas. Las almas pueden verlos.

- ¡Oh, qué bello!. María, si continuas a hablarnos de los Ángeles casi me haces venir el deseo de ir al Purgatorio. Otra pregunta: tú sabes que, hoy, mucha gente cree en la reencarnación;
¿Qué dicen las almas sobre este tema?

- Las almas dicen que Dios nos da una sola vida. Una sola vez pasaremos por este mundo y nunca más. Por eso todo lo bueno que tengamos que hacer en este mundo hagámoslo ya!, no esperemos otra vida para hacerlo porque no existe otra vida, solo es ésta y no hay otra. Sólo se vida y se muere una sola vez!

- Pero algunos sostienen que una sola vida no es suficiente para conocer a Dios y para tener el tiempo de convertirse verdaderamente, y piensan que eso no sea justo.

¿Que le respondes a tales personas?

- Todas las almas de las personas tienen una fe interior; aun si son católicas o no, o de otras religiones, sean practicantes o no, en todas se reconoce a un Bien o una fuerza, es decir a Dios. No existe nadie que no crea totalmente.

Cada ser humano tiene una conciencia para reconocer el bien y el mal, una conciencia dada por Dios y un conocimiento espiritual interior, ciertamente de diversos grados, como sea, sabe distinguir el bien del mal. Con tal conciencia cada ser humano puede llegar a la bienaventuranza del Cielo, si actúa correctamente, rechazando el mal y aceptando hacer el bien.

- ¿Qué pasa con las personas que se suicidan?.

¿Alguna vez te visitó una de esas almas?

- Las almas que vienen a mí son sólo almas del Purgatorio. Por lo tanto, hasta hoy, nunca encontré el caso de un suicida que se haya perdido; eso no significa que no las haya.
Pero algunas almas me dicen que con frecuencia son más culpables aquellos que han estado alrededor de ellas, porque han sido negligentes o han difundido calumnias.

A este punto pregunté a María si las almas se arrepienten de haberse suicidado, y María me respondió que sí, pero me dijo que, con frecuencia, el suicida es una persona enferma.

Con todo, las almas se arrepienten porque, apenas ven las cosas a la luz de Dios, comprenden, en un solo instante, todas las gracias que les estarían reservadas a ellas durante el tiempo que aún les quedaba por vivir, y ven todo el tiempo restante (meses o años), y todas las almas que hubiesen podido ayudar ofreciendo el resto de su vida a Dios; y lo que a ellas les causa mayor dolor por su pasado es ver el bien que hubiesen podido hacer y que, en cambio, no hicieron porque abreviaron su vida suicidándose.

Pero, como Dios es infinitamente justo, si la causa del suicidio fue por una enfermedad, el Señor, sin duda, no lo tiene en cuenta.

- María, quisiera preguntarte si almas de personas de otras religiones, por ejemplo judíos, han venido a visitarte.

- Sí, y ya están en la felicidad del Cielo. Quien vive "bien" su fe está en la paz de Dios; pero es únicamente a través de la fe Católica que se ganan muchos más méritos para ir directamente el Cielo. Porque la fe Católica es la fe de Jesucristo, el Hijo de Dios.

- ¿Existen religiones que son malas para las almas?

- No, pero ¡hay tantas religiones en la tierra!. Los más cercanos a la fe Católica son los ortodoxos y los protestantes. Hay muchos protestantes que recitan el Rosario; pero las sectas son muy, muy malas; degradan al ser humano, los hacen esclavos, cambiando el estado de sus mentes. Hacen invocaciones y ritos que no son bueno para el alma, qeneralmente estas invocaciones y posesiones malignas, son mezcladas con los más bajos instintos (entiéndase; drogas, sexo, alcohol). ¡Hay que esforzarse para no caer en estas sectas, y si ya lo están salir de ellas inmediatamente!.

- María, ¿hay sacerdotes en el Purgatorio?. (Aquí veo que María alza los ojos al Cielo como para decir: "¡Ay de mí!...").

- Sí, hay muchos sacerdotes purgando sus faltas. Ellos no han colaborado en tener respeto por la Eucaristía, y entonces toda la fe sufre. Con frecuencia están en el Purgatorio por haber descuidado la oración, y su fe ha disminuido; pero es también cierto que muchos de ellos han ido directamente al Paraíso. Un encuentro inolvidable para mí fue aquel con un sacerdote cuya mano derecha era negra. Le pregunté la causa de su mano negra:

"¡Hubiera tenido que bendecir más!, me dijo. "Di a todos los sacerdotes que encuentres que deben bendecir más, mucho más: en las bendiciones hay una fuerza poderosa que viene de lo Alto. Los sacerdotes pueden dar numerosas bendiciones de parte de Dios a las todas personas y conjurarían (ahuyentar a los malos espíritus) contra las fuerzas del mal.
Este es un don dado a los sacerdotes y todas aquellas personas que viven permanentemente en estado puro de gracia".

- Bien, ¿y qué le dirías a un sacerdote que quisiera vivir verdaderamente según el Corazón de Dios?

- Le aconsejaría de rezar mucho, sin cesar, en todo tiempo y a toda hora al Espíritu Santo y de recitar cada día el Rosario. Los sacerdotes son tentados continuamente por satanás para desbaratar la obra de Dios y lograr la perdición de su alma.

- María, ¿hay niños en el Purgatorio?

- Sí, pero para ellos el Purgatorio no es muy largo ni muy penoso, porque a ellos les falta el pleno discernimiento de la conciencia (Juicio por medio del cual percibimos y declaramos la diferencia que existe entre varias cosas).

- Pienso en algunos de ellos que han venido a visitarte. Tu nos contabas la historia de aquella niñita… el alma más pequeña que has visto; era una niñita de tan sólo 4 años.

Pero ¿por qué estaba en el Purgatorio?

- ¿Por qué?. Esta niñita había recibido de sus padres, como regalo de Navidad, una muñeca.
Tenía una hermana melliza, que también había recibido una muñeca. Y he aquí que esa niñita de 4 años había roto su muñeca y entonces, a escondidas, sabiendo que nadie la veía, fue a poner esa muñeca rota en el lugar de la de su hermana, y a hacer así el cambio, sabiendo muy bien, en su corazoncito, que habría ocasionado muchísimo dolor a su hermana; se daba cuenta que eso era un engaño y una injusticia. Por esta causa pasó por el Purgatorio.

Sí, los niños con frecuencia tienen una conciencia más viva que la de los adultos, y es preciso sobre todo luchar contra la mentira frente a ellos; los niños son muy sensibles.

- María, ¿cómo pueden los padres ayudar en la formación de la conciencia de sus hijos?

- Sobre todo con el buen ejemplo, que los padres prediquen con el ejemplo: es lo más importante; si los niños ven que los padres hacen el bien, más tarde ellos también lo harán. Y luego con la oración, la oración es familia, los niños que rezan atraen muchas bendiciones de Dios al hogar y a quienes los rodean, familiares, amigos, en el colegio.
Los padres deben bendecir a sus hijos e instruirlos bien en las cosas de Dios. En las buenas acciones y el amor hacia el prójimo. Es un necesario que los padres asistan con los niños a la Santa Misa, dándoles el ejemplo.

- Lo que has dicho es muy importante María.

¿Te han visitado almas que, sobre la tierra, practicaban perversiones?.
Pienso, por ejemplo, en el campo de la sexualidad.

- Las almas que he conocido (todas del Purgatorio), no se han perdido, pero deben sufrir mucho para purificarse. En todas las perversiones está presente la obra del Maligno, del diablo.
En modo particular en la homosexualidad.

- ¿qué consejo darías a todas esas personas que son tentadas por la homosexualidad, que tienen en ellos esas tendencias, que han nacido con esa tendencia?

- Les diría de rezar, rezar mucho. De rezar el Santo Rosario todos los días, de encomendarse al Santo Rosario para tener la fuerza de alejarse y discernir lo verdadero de lo falso.
Véase: El Santo Rosario. Sobre todo hay que orar al Arcángel San Miguel, pues es él, por excelencia, quien combate contra satanás y toda clase perversiones.

-¡Oh, sí el Arcángel San Miguel!

¿Y cuáles son las tendencias del corazón que pueden conducir a la pérdida de nuestra alma, a la pérdida definitiva de nuestra alma, es decir ir al infierno?

- Es cuando no se quiere ir hacia Dios, es cuando uno dice voluntariamente "No" a Dios.
es decir cuando se dice decididamente: "¡Yo no quiero!"
La persona oye la voz de Dios en su corazón que Dios le llama, constantemente, pero no quiere hacerle caso, se mantiene en ése camino equivocado y persevera en el hasta el final de su muerte. Dios conoce profundamente el corazón del ser humano, y sabe perfectamente, cuando el ser humano lo rechaza por ignorancia ó desconocimiento, entonces es ahí donde aplica su Infinita Misericordia y Amor, y da al alma mayor ventaja para aceptarlo.

En cambio, no recibe ningún beneficio del Cielo, cuando el ser humano tiene el corazón de piedra, lleno de maldad, y no quiere cambiar por decisión propia y exclusivamente suya, porque ha acumulado durante un largo tiempo odio a todo lo que concierne a Dios; a los sacerdotes, a la religión, a la Iglesia, a sus leyes, y se ríe y se burla de todo lo santo y bueno. Y hasta el final de su muerte se mantiene en ésa postura, rechazando el bien Supremo del Cielo.
Dios en su Infinito Amor no puede hacer nada para cambiarlo, pues es decisión suya, y solamente suya el rechazo. Dios ha dado al ser humano la libre voluntad (el libre albedrío) de aceptarlo o rechazarlo. Luego vendrán las consecuencias. El infierno eterno!.

Te agradezco por esta aclaración. Y aquí te quisiera contar que, sobre este argumento, he interrogado a Vicka, una de las videntes de Medjugorje, que me decía también ella que al infierno (¡y ella al infierno lo ha visto!), van únicamente aquellos que deciden de ir allí, y no es Dios quien los manda.

Al contrario, Dios suplica al alma de acoger Su Misericordia. El pecado contra el Espíritu Santo del que habla Jesús, y que por tanto no es perdonado aquí en la tierra y en otro mundo, es el rechazo radical de su Misericordia, y eso en plena luz y en plena conciencia.
Yo señalo que Juan Pablo II lo explica muy bien en su encíclica sobre la Misericordia; pero también en esto podemos hacer mucho, por medio de la oración, con rezo cotidiano podemos conseguir todo lo pedimos si lo pedimos bien, por las almas que están en peligro de condenarse, por las almas empedernidas que parecen difícil que cambien de vida, que el diablo tiene entre sus garras.

- María, ¿tendrías algún testimonio al respecto?

- Un día me encontraba en el tren. En mi compartimento había un hombre que no terminaba de criticar a la Iglesia, a los sacerdotes y hasta de ofender a Dios. Si lo ofendìa con palabras muy feas. No cesaba de maldecir, y yo le dije: "Usted no tiene el derecho de decir todo eso, ¡no está bien!". Llegada a mi estación, mientras bajaba los dos peldaños de la escalerita, dije sencillamente a Dios: "¡Señor, que esta alma no se pierda!...".

Algunos años después el alma de este hombre vino a visitarme y me contó de haber estado a la puerta del Infierno, a sólo un paso de condenarse y de haberse salvado sólo por la oración que yo había hecho en aquel momento: "Señor, que esta alma no se pierda!...".

Sí, es extraordinario ver como tan solo un pensamiento, un impulso del corazón, una sencilla oración por alguien, pueda impedirle de caer en el infierno, porque es el orgullo, la dureza del corazón que hace ir al infierno. Y el infierno es eso: es el obstinarse a decir NO a Dios; pero nuestras oraciones pueden suscitar, en quien muere, un acto de humildad; y sólo un impulso de humildad, por mínimo que sea, tiene tanta fuerza como para hacemos evitar el infierno eterno.

- Un alma me contó: "No habiendo observado las leyes de tránsito, provoqué un choque y me maté a causa del golpe, mientras iba en motocicleta en Viena”. Le pregunté:
"¿Estabas preparada para entrar en la eternidad?". "No lo estaba, agregó, pero Dios da dos o tres minutos para que se puedan convertir a cuantos pecan contra de Él con insolencia y presunción. Y sólo quien lo rechaza es condenado".

El alma continuó con su comentario interesante e instructivo: "Cuando uno muere en un accidente, las personas decir; bueno le llegó su hora. Eso es totalmente falso:
eso se puede decir sólo cuando una persona muere no por su culpa. Pero según los designios de Dios, yo hubiera podido vivir aún treinta años más; entonces hubiese transcurrido todo el tiempo de mi vida". Por eso el hombre no tiene ningún derecho de exponer su vida a un peligro de muerte, salvo en caso de necesidad.

El alma de un médico vino un día a visitarme y a lamentarse que debía sufrir por haber acortado la vida de sus pacientes con inyecciones para que no sufrieran más.
Y además dijo: "que el sufrimiento, aceptado y soportado con paciencia y ofrecido a Dios, tiene para el alma un valor infinito; la persona que sufre no imagina cuántos méritos acumula en el cielo si procede de esta manera. Se tiene el deber de aliviar los grandes sufrimientos de quien sufre, pero no el derecho de acortar la vida con medios químicos.

En otra ocasión vino una mujer y me confesó: "He debido sufrir treinta años de purgatorio porque a mi hija no la he dejado ir al convento, para que fuera monja".

- María, ¿no te parece increíble que alguno pueda llegar al punto de decir "NO" a Dios en el momento de la muerte, cuando lo tiene enfrente de él?

- Bien, por ejemplo un hombre me dijo que no quería ir al Cielo;

¿y saben por qué?.

Porque, según él, Dios permite los injustos y las injusticias... Yo le dije que esto lo hacen los hombres y no Dios. Esto sucede por los egoísmos que lleva el ser humano. Dios le dio la manera de sobrellevar esta carga, pero al ser humano no quiere cambiar.

Me respondió enfurecido: "espero no encontrar a Dios, después de la muerte, porque entonces le romperé la cabeza con un hacha".

El tenía un odio profundo contra Dios; pero Dios deja al hombre a su libre voluntad; podría impedir esta voluntad, pero no, quiere dejar a cada uno su libre elección. Dios da a cada uno, durante la vida terrena y más precisamente en la hora de la muerte, muchas gracias para convertirse y aceptarlo, aun después de haber transcurrido una vida en las tinieblas, el egoísmo, la soberbia; pero si se pide totalmente perdón a Dios, ciertamente podemos salvarnos.
- Jesús dijo que es difícil, para un rico, entrar en el Reino de los cielos.
Tú, personalmente, ¿has visto a veces casos de este género?

- Sí, si hacen buenas obras, obras de caridad con fin de ayudar a otros en todo lo que se pueda. Si viven el Amor, y la humildad, entonces pueden llegar a ser como los pobres.
Hay desprenderse de todo aquello que nos aleja de Dios, el dinero y los bienes, si son obtenidos de mala manera, hay que desprenderse de ellos rápidamente. Ciertamente que esto cuesta tomar la iniciativa, pero hay hacerlo!.

- Y ahora, María, actualmente, ¿te visitan las almas del Purgatorio?

- Sí, dos o tres veces por semana.

- Quisiera saber qué piensas sobre las prácticas de espiritismo; por ejemplo cuando se llaman a los espíritus de los difuntos, se hacen girar las mesas, rodar copas etc.

- ¡No, no es bueno!. Con frecuencia es el diablo quien hace mover las mesas y las copas.

¡Oh, si, es importante decirlo y la gente debe saberlo. Debemos decirlo a todos los que no lo saben!. Hay que hacer saber esto a la gente; pues hoy, por desgracia, estas absurdas prácticas espiritistas aumentan cada vez más...

- Ahora, te ruego, acláranos algo:

¿existe una diferencia entre lo que tú vives con las almas de los difuntos y las prácticas de espiritismo?

- No está permitido llamar a las almas de los muertos, tratando de que les hablen, o digan tal o cual cosa. Yo no busco su venida; vienen por sí solas a mí, y siempre lo hacen con el permiso de Dios.

En el espiritismo, en cambio, se evocan a los espíritus, se los llaman, hacen que hagan acto de presencia. Pero es el "demonio" quien viene a visitarlos, fingiendo ser el alma de ése o de aquél fallecido. A veces satanás se presenta bajo falsas apariencias, sin ser llamado.

- Tú, personalmente, ¿has sido alguna vez engañada por falsas apariciones?.

Por ejemplo; ¿el "diablo" que se hace pasar por un alma del Purgatorio para hablarte?

- Sí, una vez un alma vino a verme y me dijo: "No recibas al alma que vendrá después de mí, porque te pedirá demasiados sufrimientos. Eso no está a tu alcance. Nunca podrás hacer lo que te ha de pedir".

Entonces quedé turbada. Me acordé de lo que me había dicho mi párroco que había que acoger a cada alma con generosidad, y yo estaba, por cierto, habituada a la obediencia. De repente pensé dentro de mí: "¿Acaso no podría ser el demonio quien esté aquí ante mi, y no un alma del Purgatorio?.

¿No será el demonio que se ha camuflado?...".

Dije entonces con rotunda voz a aquel hombre: "Si eres el diablo, ¡vete de aquí”.

En seguida pegó un fuerte grito y huyó. Y efectivamente, el alma que vino luego de él era un alma que tenía mucha necesidad de mi ayuda y era en verdad importante que viniese a verme y que yo la escuchase.

- Cuando el diablo aparece, ¿el agua bendita lo hace huir siempre?

- Lo molesta mucho y con frecuencia huye con mucha rabia.

- En la actualidad, María, eres muy conocida, sobre todo en Alemania, en Austria y aun por toda Europa, gracias también a tus conferencias y a tu libro. Pero en los comienzos vivías del todo escondida.

¿Cómo es que, de la noche a la mañana, la gente ha reconocido que tu experiencia sobrenatural era auténtica?

- ¡Oh! Fue cuando las almas comenzaron a pedirme que suplicara a sus familias para que restituyeran un bien mal adquirido.

A este propósito, María me contó varias testimonios. Sería demasiado largo referirlos.
Pero, muchas veces, diversas almas han venido a verla para decirle:
"Ve a mi familia, en tal pueblo (y ese pueblo ella no lo conocía), para decir a mi padre, a mi hijo, a mi hermano que restituyan tal propiedad, tal suma de dinero, tal objeto que, en tal lugar y tal persona lo ha procurado de mal modo, y así yo seré liberada del Purgatorio cuando ese bien sea restituido a quien corresponda".

Entonces María refería todos los detalles a sus familiares de ese campo, de aquella suma de dinero, de tal objeto, de aquella casa, de aquel bien, y así y así. Y las personas quedaban sorprendidas viendo que ella conocía todos esos detalles de los bienes de los difuntos, porque algunas veces las mismas familias ignoraban y desconocían de que aquel bien hubiese sido mal adquirido por sus parientes. Fue por tales hechos que María comenzó a ser muy conocida.

- María, ¿existe un reconocimiento oficial de la Iglesia Católica con respecto al carisma que ejerces hacia las almas del Purgatorio, y también hacia aquellos que son alcanzados con tu apostolado?

- Mi Obispo me ha dicho que, hasta que no haya errores teológicos, yo debo continuar: Mi párroco, que es al mismo tiempo mi guía espiritual, confirma también él estas cosas.

- Te quiero hacer una pregunta, que puede parecer indiscreta. Tú has hecho tanto por las almas del Purgatorio que, sin duda alguna, cuando te toque morir, miles de almas te escoltarán hasta el cielo. Imagino que tú ciertamente no habrás de pasar por el Purgatorio, ¿No es así?

- ¡Oh!. No creo que iré al Cielo sin Purgatorio, porque yo he tenido más luz, más conocimiento, y por tanto mis culpas son más graves. Aquel que más recibió más se le pedirá. Pero espero igualmente que las almas me ayudarán a subir al Cielo.

- Si, por cierto. Y tú, María, ¿estás contenta de tener este carisma, o bien es para ti una cosa pesada y fatigosa todos esos continuos pedidos por parte de las almas?

- No, no me lamento de las dificultades, porque sé que puedo ser de mucha ayuda para ellas; puedo ayudar a tantas almas, y soy feliz de poder hacerlo.

- María, te agradezco, también en nombre de los lectores, por esos hermosos testimonios. Pero permíteme hacerte una última pregunta, Para que podamos conocerte mejor,

¿podrías contarnos, en pocas palabras, algo de tu vida?

- Cuando era niña, quería entrar en un convento. Mi madre me decía de esperara a que tuviese 20 años. No quería casarme. Mi madre me hablaba mucho de las almas del Purgatorio y, ya, desde cuando frecuentaba la escuela, esas almas me han ayudado mucho.
Entonces yo me decía que debía hacerlo todo por ellas. Terminada la escuela, pensé ir al convento. Entré en las Hermanas del Corazón de Jesús, pero, luego me dijeron que era demasiado débil de salud para poder permanecer con ellas.

En verdad, cuando era pequeña, había tenido una pulmonía y una pleuritis. La Superiora confirmó que yo tenía vocación religiosa, pero me aconsejó que entrara en una orden más fácil y esperara algún año más. Yo, en cambio quería ingresar en una orden claustral y en seguida. Después de otros dos intentos, la conclusión fue la misma: era demasiado débil de salud.
Entonces me dije que para mí entrar en el convento no era la voluntad del Señor. He sufrido mucho, moralmente, y me decía: "El Señor no me ha mostrado lo que quiere de mí".

Esta espera duró para mí hasta la edad de 25 años, es decir hasta el momento en que Dios me ha confiado esta tarea de orar por las almas del Purgatorio. ¡Me había hecho esperar 8 años!.
En mi familia éramos 8 hijos. Yo trabajaba en casa, en nuestra estancia, desde los 15 años. Luego fui a Alemania, como doméstica en la familia de un campesino, y después he trabajado aquí, en la estancia de Sonntäg. A partir de los 25 años, cuando comenzaron las visitas de las almas, he tenido que sufrir mucho por ellas. Ahora estoy mejor físicamente.


Parte 1. Radio María de la Ciudad de Córdoba, Argentina. Audio sobre el libro; "Revelaciones Privadas" María Simma sobre las almas de Purgatorio, por Gabriela, Año 2004.
El audio comienza haciendo esta pregunta:

¿Porqué hay que ir al Purgatorio?, ¿Porqué se va al Purgatorio?


Parte 2. Final y algunos llamados al estudio de la radio.



SU CONFESOR Y DIRECTOR ESPIRITUAL HABLA DE MARÍA SIMMA.

Habiendo leído, recientemente, un informe sobre María Simma enviado por el Padre Alfonso Matt (director espiritual de la vidente) al Obispo de su Diócesis, considero útil agregar, para los lectores, estas otras breves noticias. María Simma (la segunda de ocho hijos), ha nacido el 5 de febrero de 1915 en Sonntäg (Vorarlberg), en Austria, de una familia pobrísima. El padre, José Antonio (18 años mayor que su esposa, Luisa Rinderer), por varios años se ganó la vida como cuidador y campesino de su hermano.

Durante la primera guerra mundial fue cartero, luego obrero vial y bracero, luego jubilado. Con su mujer y sus ocho hijos fue a vivir en una vieja casa que había recibido en herencia de un buen anciano, maestro carpintero. A causa de la gran pobreza de la familia, los hijos, desde muy jóvenes, trabajaron y se ganaron el pan: los varones como obreros y las muchachas como niñeras. María Simma desde su juventud fue muy piadosa y frecuentó asíduamente los cursos de instrucción religiosa organizados por su párroco. Luego debió alejarse de su pueblo para trabajar en varios lugares.

Quería hacerse religiosa pero, como ya sabemos, el Señor ha tenido otros proyectos sobre ella. En el informe del párroco se lee que ella "consagró su virginidad a la Virgen e hizo esta consagración a María en favor sobre todo de los difuntos"; se ofreció a Dios, haciéndolo con voto "como alma víctima, víctima de amor y de expiación".
El párroco refiere que en varias ocasiones, y por diferentes modos, ella se ofreció como víctima para ayudar a los difuntos, con sufrimientos voluntarios a veces terribles, gracias a los cuales abrevió las penas de innumerables almas. Además de los sufrimientos ofreció a Dios continuas oraciones, misas y penitencias.

Desde la muerte de su padre, acaecida en 1947, vive sola en la casita paterna y, para proveer a las necesidades de la vida, continúa, a pesar de la edad a cultivar su huertita. Vive así en pobreza, ayudada por la gente caritativa. No pide nada, todo lo hace gratuitamente; y si alguno le deja ofrendas, las envía íntegramente a la Curia, para la celebración de misas, para obras caritativas y, sobre todo, para las Misiones.

FORMAS DE AYUDAR A LAS ALMAS DEL PURGATORIO.

El párroco, en su informe, hace resaltar que la acción desarrollada por María Simma no es sólo ayudar, ella misma, a los difuntos, como siempre lo hizo, sino también hacerse celosa promotora de la ayuda de los vivos a las almas del Purgatorio y a los moribundos.

En todos sus encuentros con la gente, y también en las páginas de su diario, siempre indicó, con insistencia, los medios de ayuda, pedidos también por las mismas almas: misas, Rosarios, ofrecimiento de los sufrimientos, Vía Crucis, obras caritativas; entre estas, sobre todo, ayuda a las Misiones que, a decir de las almas, son de grandísima eficacia para los difuntos. Se indican luego medios menores de ayuda que suscitan nuestra sorpresa y curiosidad, y por eso quiero referirlos, en parte, textualmente:

"El encender velas sobre la tumba del difunto en el cementerio, ayuda a las almas: ante todo porque esa atención de amor les da una ayuda moral: luego porque las velas son benditas y disipan las tinieblas en las que se hallan las almas".

También el rociar con agua bendita la tumba del difunto es muy favorable para las almas ya que las ayuda a limpiarse de sus faltas aquí en la tierra.
Por eso es muy conveniente tener siempre velas y agua bendecidas por un sacerdote.
No olvidar rezar siempre por los difuntos conocidos o no, cuando visitamos un cementerio. Nuestras plegarias siempre las ayudan.

Tienes relatos sobre esto, ¿verdad María?

Sí, un niño de 11 años, de Kaiser, pidió a María Simma que orase por él. Estaba en el Purgatorio porque, el día de los fieles difuntos, apagó en el cementerio las velas encendidas en las tumbas y robó la cera para diversión. Las velas benditas son de mucho valor para las almas. El día de la Candelaria, María Simma debió encender dos velas por un alma, mientras soportaba por ellas sufrimientos expiatorios".

"Echar agua bendita mitiga los sufrimientos de los difuntos. Un día María Simma pasando por un tumba en el cementerio echó agua bendita por todas las almas. Y escuchó una voz interior que le dijo: "¡Echa mucho más que es poco, echa más!".

"Todos los medios no ayudan a las almas de la misma manera. Si durante su vida alguno tiene poco interés ó estima por las Misas, no le aprovechará mucho cuando esté en el Purgatorio.
Si alguno no tuvo corazón durante su vida, recibe poca ayuda en el Purgatorio.
Quienes pecaron difamando a los demás deben expiar duramente y por largos períodos sus pecados. Pero quien en vida haya tenido un buen corazón para todos, recibirá mucha ayuda".

"Un alma que había descuidado de asistir a Misa, pudo pedir ocho Misas para su alivio, porque durante su vida mortal había hecho celebrar ocho Misas por un alma del Purgatorio".

El párroco refiere que María Simma insiste mucho en que se rece para ayudar a los moribundos.
"Según lo que dicen las almas del Purgatorio", escribe el cura párroco;

"muchas van al Infierno porque se ora demasiado poco por ellos... María Simma un día vio muchas almas suspendidas en vilo entre el Infierno y el Purgatorio".

HE AQUÍ ALGUNAS INSTRUCCIONES:

"Las almas del Purgatorio se preocupan mucho de nosotros y del Reino de Dios (es siempre el párroco el que escribe). Tenemos la prueba por ciertas advertencias que ellas dieron a María Simma”.

Las instrucciones que siguen (continúa el párroco) han sido tomadas de sus anotaciones:

"De nada sirve lamentarse de los tiempos que vivimos. Es necesario decir a los padres que ellos son los principales responsables. Los padres no pueden ofrecer un peor servicio a sus hijos que consentir a todos sus deseos, dándoles todo lo que quieren, simplemente para que estén contentos y no griten.

El orgullo puede así echar raíz en el corazón de un niño. Más tarde cuando el niño comienza a ir a la escuela, no sabe recitar un Padrenuestro ni hacer la señal de la Cruz, de Dios, a veces, no sabe absolutamente nada. Los padres se disculpan diciendo que esto es tarea del catequista y de los maestros de religión”.

Donde la enseñanza religiosa no comienza desde la más tierna edad, la religión no perdura después. "Eduquen a los niños a la renuncia.
¿Por qué hoy se da esta indiferencia religiosa, esta decadencia moral?.

¡Porque los niños no han aprendido a renunciar!. Ellos con el tiempo se volverán descontentos y hombres sin discreción que toman parte en todo, quieren tener todo a profusión. Esto provoca tantas desviaciones sexuales, las prácticas anti-natalistas y el crimen del aborto.

Todos estos hechos claman al Cielo venganza. Quien desde niño no ha aprendido a renunciar se vuelve egoísta, sin amor, tirano. Por este motive hoy existe tanto odio y falta de caridad.
¿queremos ver tiempos mejores? Se empieza por la educación de los niños”.

"Se peca en manera espantosa en contra del amor hacia el prójimo, sobre todo con la murmuración, el engaño y la calumnia.

¿Por dónde comienzan?

En el pensamiento. Hay que aprender esas cosas desde la infancia y tratar de ahuyentar inmediatamente los pensamientos contrarios a la caridad. Se combatan rápidamente los pensamientos contra la caridad; y no se llegará a juzgar a los demás sin caridad”.

"Para todo católico el apostolado es un deber. Algunos lo ejercen con la profesión, otros con el buen ejemplo. No pocos se lamentan que muchos se corrompen por las conversaciones contra la moral y contra la religión.

¿Por qué entonces se calla?.

Los buenos deben también defender sus convicciones y declararse cristianos... Todo cristiano debería ponerse a buscar el Reino de Dios y esforzarse en hacerlo crecer; pues de lo contrario los hombres no estarán en condiciones de reconocer el gobierno de la Providencia.
La preocupación del alma no tiene que ser sofocada por aquella exagerada del cuerpo..."

Me gusta terminar aquí esta pincelada. Hojeando el informe del párroco (a quien quisiera decirle gracias de corazón), pudimos también husmear entre las páginas del diario de María: hay en ellas una sabiduría que no viene del mundo, sino de las almas que la instruyen...

Pues bien, les digo que para mí ha sido un gran placer conocer a María Simma, una mujer cuya vida ha sido donada totalmente. Cada segundo, cada hora de su vida tiene por cierto un peso de eternidad, no solo para ella misma, sino para tantas, tantas almas, conocidas o no, que ella, en varios modos, y con tanto amor, ayudó a liberarse del Purgatorio y a alcanzar la felicidad eterna en el Cielo.

SIGO HOJEANDO EL DIARIO DE MARÍA SIMMA...(nos cuenta el párroco)

Cuando un alma viene, me despierta tocando la puerta o llamándome o sacudiéndome o de otras maneras. Le digo de inmediato: ¿Qué quieres? ¿qué debo hacer por ti?

Y normalmente me lo dicen. Un alma me dijo un día: Una de las cosas que más eficacia tiene para nosotras es el sufrimiento soportado con paciencia, sobre todo, cuando se ofrece por manos de la Madre de Dios, para que ella lo utilice para quien quiera.

Y me pidió que sufriera por ella. Me pareció bastante extraño, porque hasta ese día ninguna me había pedido sufrir por ella. Le dije:

¿Qué debo hacer por tí? Me respondió: Durante tres horas tendrás grandes dolores en todo el cuerpo. Después de las tres horas, podrás levantarte y continuar tus trabajos, como si no hubiera sucedido nada. Así me quitarás veinte años de purgatorio.

Acepté y me vinieron tales dolores, que apenas me daba cuenta de dónde estaba, y parecía que pasaban días y semanas. Cuando todo terminó, me di cuenta de que habían pasado exactamente tres horas. A veces, me pedían sufrir sólo cinco minutos, pero ¡qué largos me parecen esos minutos!.

En 1954 (año mariano) cada noche empezaron a venir más almas. En ocasiones me decían quiénes eran y me encargaban algunas misiones para sus parientes. De esta manera, mi caso fue conocido públicamente. Esto era para mí muy desagradable; porque, por mi cuenta, sólo le habría hablado a mi padre espiritual. Algunas veces, se trataba de que devolvieran bienes mal adquiridos; en algunos casos, ni siquiera los parientes conocían ciertos detalles que yo les daba, por medio de mi párroco y director espiritual, que era quien transmitía los mensajes a gente de otros pueblos, cercanos o lejanos.

También en ese año 1954 venían a visitarme las almas durante el día. Al terminar este año mariano, venían dos o tres veces por semana. Normalmente, aparecen el primer viernes de mes o en un día de fiesta de la Virgen o durante la Cuaresma. Durante Semana Santa vienen muchas y también en Adviento y en el mes de noviembre, que es mes de los difuntos.

Aquellas almas, que yo he conocido bien en vida, las reconozco de inmediato. Otras son desconocidas, a no ser que me digan quiénes son. Normalmente se presentan en vestido de trabajo. Si eran personas inválidas o con graves deficiencias físicas o mentales, aparecen sanos.
Los que estaban en silla de ruedas, caminan perfectamente, los mudos hablan, los sordos oyen, los ciegos ven. Es que en el más allá quedan atrás todas las deficiencias humanas.
Ellas saben de nosotros más de lo que suponemos. Ellas saben, por ejemplo, quiénes han asistido a su velorio y sepultura, quiénes han ido solamente por hacer acto de presencia y quiénes han ido a rezar por amor Ellas saben también lo que se dice sobre ellas en el velorio, porque están mucho más vecinas a nosotros de lo que suponemos y se dan cuenta de quiénes asisten a las misas ofrecidas por ellas.

Ellas están presentes a sus funerales y a las misas ofrecidas por ellas. No les gustan los pomposos funerales, ni las flores, prefieren que sean sencillos, pero fervorosos. No quieren que su cuerpo sea cremado; porque, al no tener lugar de referencia, se pueden olvidar más fácilmente de ellas. La cremación está permitida por la Iglesia, con tal que no se niegue la resurrección, pero ellas quieren todo lo que lleve a su familia a rezar y, el no tener una tumba que visitar, les hace olvidarse de ellas.

También quieren que se respete su cuerpo y que se evite cualquier profanación. Les gusta que en la tumba echen agua bendita y tengan un cirio bendito encendido. Las visitas de amor al cementerio les agradan y ayudan más de lo que imaginamos. Incluso, les ayuda el simple hecho de limpiar su tumba, por el amor que ponemos en ello.

Personalmente, cuando voy al cementerio, que está junto a mi casa, enciendo una vela por las almas y les echo agua bendita, y ellas me lo agradecen. Un día vino a verme una niña de unos seis años y me dijo que había apagado una vela en el cementerio para coger la cera y jugar con eso, se encontraba en el purgatorio, aunque por poco tiempo. Me pidió que encendiera por ella dos velas benditas.

Otro día vino un niño de 11 años, de Kaiser para pedirme que rezara por él. Me dijo que estaba en el purgatorio, porque el día de los difuntos había apagado, por divertirse, varias velas, que estaban encendidas en el cementerio en favor de los difuntos.

Como vemos, también hay niños en el purgatorio; porque, antes de lo que pensamos, se dan cuenta del bien y del mal. Un día vino una niña de unos cuatro o cinco años y me dijo que estaba en el purgatorio, porque había recibido de su madre, junto con su hermana gemela, una muñeca. Ella lo había roto y, teniendo ser descubierta, la cambió por la de su hermana, sabiendo que esta haciendo algo malo y que iba a hacer sufrir a su hermana.

También hay sacerdotes. En una oportunidad, se me presentó un sacerdote para pedirme ayuda y vi que su mano derecha estaba negra y sucia. Me dijo: “Diles a todos los sacerdotes que bendigan sin cesar a las personas, casas y objetos sagrados. Yo me descuidé de hacerlo, porque no le daba importancia y, por eso, sufro en esta mano”.

Los sacerdotes pueden dar numerosas bendiciones y conjurar las fuerzas del mal. Sobretodo, los sacerdotes pueden celebrar misas por las almas, que es lo que más les ayuda. ¡Si se supiese cuál es el precio de una sola misa para la eternidad, las iglesias estarían llenas, incluso entre semana!

En la hora de la muerte, las misas a las que hemos asistido con devoción serán nuestro mayor tesoro. Tienen más valor que las misas encargadas para nosotros después de muertos. También son importantes las indulgencias. Un alma me habló de su importancia y que para ganar una indulgencia plenaria era necesario una limpieza total del alma, despegada de todo lo terreno.
Cuando un alma se me aparece y, después de haber hecho sus peticiones, permanece más tiempo, sé que puedo hablar con ella y hacerle preguntas. Normalmente es otra alma la que viene, después de un tiempo, a darme la respuesta con el permiso de Dios.

En mi cuaderno tengo anotadas las respuestas sobre si otras almas se han salvado o están todavía en el purgatorio. Puede suceder que pasen dos o tres semanas o años antes de recibir la respuesta. Nunca me han hablado de alguien que esté en el infierno.

Uno de los pecados más severamente castigados es el pecado contra la caridad: maledicencia, calumnia, rencor peleas por envidia, codicia... ¡Cuántas veces se peca contra la caridad, diciendo palabras o haciendo juicios desprovistos de caridad!

Y una palabra puede “matar” un alma o sanarla. Por eso, es muy importante perdonar y no guardar rencor, ni siquiera a los difuntos. Recuerdo el caso ocurrido en Innsbruck. Una mujer no podía perdonar a su padre. Cuando estaba vivo, no le había dado cariño de padre y ni siquiera le dio la oportunidad de estudiar para ser profesional. Por eso, no podía perdonarlo.
Después de muerto, el padre se apareció a su hija; no una, sino tres veces, suplicándole que lo perdonara, pero ella no quería. Después de un tiempo, esta mujer se enfermó y, entonces, entendió que debía perdonarlo, porque no podría vivir en paz. Tomada esta resolución, lo perdonó de todo corazón y la enfermedad comenzó a desaparecer. El odio envenena el alma y hasta produce enfermedades físicas y mentales. En cambio, el amor siempre da salud, paz y alegría.

UN CAMPESINO VINO A VISITARME Y ME DIJO:

- Estoy construyendo un establo y, cada vez que el muro llega a cierta altura, se cae. Hay algo de extraño y sobrenatural en esto. ¿Qué puedo hacer?

- ¿Hay algún difunto que tiene algo contra ti, a quien guardas rencor?

- Oh sí, pensaba que no podía ser sino él. Me hizo mucho daño y no lo puedo perdonar. - Él quiere que lo perdones, nada más.

- ¿Perdonarle yo? ¿A él que tanto daño me ha hecho de vivo?
¿Para que vaya al cielo? NO, NO.

- Pues no te tendrás descanso y reposo hasta que no lo hayas perdonado de corazón.
¿Cómo puedes decir en el Padrenuestro:
Perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden? Es como si dijeras a Dios: No me perdones, como yo tampoco perdono.

El hombre se quedó pensativo y dijo: Tienes razón. En nombre de Dios lo perdono para que Dios me perdone también a mí. Desde ese día, no tuvo más problemas con el establo y pudo tener paz y amor en su corazón.

Un día vino a visitarme un hombre, cuya mujer Izabía muerto hacía un año y, desde entonces, todas las noches sentía tocar a la puerta de su dormitorio. Fui a su casa y, por la noche se me apareció un animal grande que parecía un hipopótamo.

Después vino el demonio bajo la forma de una serpiente gigantesca que quería estrangular al hipopótamo... Y desaparecieron. Al poco tiempo, vino un alma con apariencia humana y me dijo: No temas, ella(Izabía) no está condenada, pero está en el purgatorio más terrible que exista.
Me dijo que había vivido diez años en enemistad con otra mujer y ella era la causa de todo. La otra mujer había querido reconciliarse, pero ella siempre se había negado. Incluso, durante su última enfermedad, se había negado a hacer las paces y perdonarla.

Un día vino a visitar un hombre que quería informarse sobre la suerte eterna de dos difuntos del mismo pueblo. Era el año mariano de 1954 y la respuesta llegó pronto. Un mes más tarde yo le comuniqué: La Sra. X ya está en el cielo y el Sr. X está en lo más profundo del purgatorio.
Él me dijo: Es imposible. La Sra. X murió en el hospital por una práctica abortiva, mientras que el Sr. X estaba siempre llegaba primero a la Iglesia y era el último en salir.
Pero, pocos días después, vino a yerme una señora que los conocía bien a los dos y me dijo: La Sra. X era como mi hermana. Ella era débil desde el punto de vista moral, pero ha sufrido mucho, porque este defecto era debido en gran parte a deficiencias hereditarias.

Murió como consecuencia de una práctica abortiva, pero murió con sentimientos de arrepentimiento hasta el punto que el sacerdote que la asistió en los últimos momentos pudo decir: Quisiera que todos murieran con los sentimientos de arrepentimiento de esta mujer.
Ella murió con los últimos sacramentos y firme enterrada religiosamente.

El Sr X era el primero y el último en salir de la Iglesia, pero siempre estaba criticando a todo el mundo. Lo que más me indignó fue que, durante el sepelio de la Sra. X, él la estaba criticando y diciendo a algunas personas que la Sra. X no debía ser enterrada en un cementerio católico. Entonces, le dije: Ahora está claro para mí que el Señor no quiere que Juzguemos a los demás. El Sr X criticaba a la Sra. X, aún en el cementerio, pero el Señor tuvo compasión de ella. No podemos juzgar a los demás, dejemos el juicio a Dios. Ahora el Sr. X está en lo profundo del purgatorio sufriendo por su actitud.

En una ocasión, vino un alma y me dijo: Cometí un crimen contra Dios. Un día, por soberbia, tomé una cruz y la destrocé, pensando que, si Dios existía no me lo permitiría hacer.
Casi al instante, me vino una parálisis que fue mi salvación. Después me pidió decirle a su mujer que hiciera algunas cosas para ayudarlo y liberarlo del purgatorio.
Ella había dejado la Iglesia católica y se había hecho protestante. Cuando le conté el mensaje de su esposo, me dijo:
Creo en lo que me dice, porque el hecho de que destrozó la cruz, solamente lo sabíamos él y yo. Y entró de nuevo en la Iglesia católica.

Un médico vino un día, lamentándose de que debía sufrir mucho por haber acortado la vida de sus pacientes con inyecciones, para que no sufrieran más (eutanasia). Y nadie tiene derecho a quitar la vida, porque mientras están vivos, aunque estén en coma, pueden recibir las bendiciones de Dios a través de nuestras oraciones y buenas obras.

Una mujer me dijo: He debido estar 30 años de purgatorio por no haber dejado ir al convento a mi hija. Por eso, debemos pensar en la grave responsabilidad de los padres que no consienten la vocación sacerdotal o religiosa de sus hijos. Nadie tiene derecho a rectificar los planes que Dios ha trazado para cada uno desde toda la eternidad.

Otro día se me presentó un alma y me dijo: ¿Me conoces?. Yo le dije que no. Él respondió:
Pero tú me has visto. En 1932 hiciste un viaje en tren y yo era tu compañero de viaje.

Entonces, me acordé muy bien de ese hombre, orgulloso, que había criticado en voz alta a la Iglesia y a la religión. Yo tenía 17 años y le respondí como pude. Él me dijo: Tú eres demasiado joven para darme lecciones niña, ¡cállate!. Cuando bajé del tren, le dije al Señor: Señor, no permitas que este hombre se condene. Y esta oración lo había salvado.

¡Cuánto puede hacer la oración, aunque sea pequeña, pero hecha con fe y esperanza en Dios! ¡Cuánto valen las obras de caridad para los demás! ¡Podemos salvar todas a las almas, aún las que nos detestan, sólo debemos pedírselo a Dios de corazón y Él lo hará!

Un día, un alma se me apareció con un balde vacío. Le pregunté por qué lo llevaba y me dijo. Es mi llave del paraíso. No he rezado mucho durante la vida, iba raramente a la Iglesia, pero una vez por Navidad limpié gratuitamente la casa de una pobre anciana y eso fue mi salvación.
El año 1954 ocurrió una avalancha, que sepultó varias personas en un pequeño pueblo de la montaña. Un joven de 20 años oyó que pedían auxilio y salió en su ayuda, pero su madre se lo quiso impedí, porque había mucho peligro para él. El joven, sin embargo, salió a rescatar a los que pedían auxilio, pero una avalancha lo sepultó también a él.

La segunda noche después de su muerte, vino a pedirme que hiciera celebrar tres misas por él. Sus familiares se maravillaron de que tan pronto pudiera ser liberado, cuando no había sido muy fervoroso, sino todo lo contrario. Pero el joven me confió que Dios había sido muy Misericordioso con él por haber querido ayudar a su prójimo y hacer una acción tan bella. Si hubiera vivido más tiempo, no habría podido conseguir una muerte tan bella a los ojos de Dios. ¡Una muerte en acto de caridad con el prójimo, borra todos los pecados y lleva al Cielo!

Ese mismo año, 1954, en otro pueblo hubo otra avalancha, que ocasionó muchos destrozos. Se contaba que hacía 100 años otra avalancha había destruido el pueblo y ésta había sido mucho peor pero sin mayores consecuencias.
¿Por qué? Las almas me dijeron que una mujer de nombre Stark, había ofrecido sus oraciones y sufrimientos por su pueblo. De otro modo, medio pueblo habría sido destruido.

¡Cuánto valen los sufrimientos soportados con paciencia y resignación!

¡Salvan más almas que la oración!

Por eso, no hay que ver el sufrimiento como un castigo, pues puede ser un enorme tesoro, si lo ofrecemos con amor a Dios por la salvación de los demás. Solamente en el cielo, podremos saber todo lo que hemos obtenido con nuestros sufrimientos, soportados con paciencia en unión con los sufrimientos de Cristo. El sufrimiento es un gran don que nos acerca a Dios y a los demás.
Un día de 1954, hacia las 14,30 de la tarde, paseando por el bosque, me encontré con una mujer muy anciana que parecía centenaria. Yo la saludé amablemente y ella me dijo:
¿Por qué me saludas? Nadie me saluda. Nadie me da de comer y debo dormir por la calle. Yo la invité a comer y a dormir en mi casa. Ella me dijo: Pero yo no puedo pagar. No importa, le insistí. No tengo una bella casa, pero será mejor que dormir en la calle.

Ella entonces me lo agradeció y me dijo: Dios te lo pague. Ahora soy liberada. Y desapareció. Hasta aquel momento no había entendido que se trataba de un alma del purgatorio. Seguramente, durante su vida, no quiso ayudar a alguien que tenía necesidad de comida y alojamiento, y debía esperar que alguien le ofreciese lo que ella había rechazado a otros.

Otro día se me apareció el alma de un joven y me dijo:

Por no haber observado las leyes de tráfico, tuve un accidente de motocicleta que me causó la muerte en Viena. Yo le pregunté:

¿Estabas listo para entrar en la eternidad?

No estaba listo, respondió, pero Dios da dos o tres minutos para poder arrepentirse y aceptarlo, y así acogerse a su amoroso designio. Y sólo el que lo rechaza se condena para siempre y apartado de Dios.
Cuando uno muere en un accidente, las personas dicen que era su hora. Eso es cierto, cuando uno no tiene la culpa. Pero yo tuve la culpa; porque, según los designios de Dios, yo debería haber vivido todavía treinta años más. Por eso, el hombre no tiene derecho a exponer su vida a un peligro de muerte sin necesidad.

También es muy importante, a la hora de la muerte, abandonarse y aceptar la voluntad de Dios.
Una madre de cuatro hijos iba a morir y le dijo a Dios: Señor, si es tu voluntad, acepto mi muerte, pero te confió a mi esposo y a mis cuatro hijos. Por este acto de confianza y abandono total, fue directamente al cielo. Vale la pena abandonarse sin condiciones en las manos de nuestro Padre Dios y confiar en Él hasta el fin.

¡SÁQUENNOS DE AQUÍ!

Éste es el título del libro escrito por Nicky Eltz de sus entrevistas con María Simma. Veamos un resumen de lo que dice María Simma:

“Hay mucha diferencia entre evocar a los muertos, como hacen los espiritistas, e invocar a los muertos para pedirles ayuda y orar por ellos. El espiritismo es pecado y en él es satanás quien contesta a las preguntas. Nosotros pedimos ayuda a los difuntos y oramos por ellos. En mi caso, yo nunca los llamo para que vengan. Ellos vienen, porque Dios se lo permite.

El purgatorio es un tiempo de espera en que las almas tienen el gran sufrimiento de la nostalgia de Dios y el enorme deseo de amarlo con todo su corazón. En el purgatorio existen muchos niveles, que son tan diferentes como las enfermedades de la tierra.

Cada alma es “castigada” o sufre en aquello o por aquello que la ha hecho pecar o alejarse de Dios. Sucede esto también, en cierta medida, en la tierra. Si uno come en exceso, sufre las consecuencias de mal de estómago, y por un rato se siente mal.

Si uno fuma demasiado, se intoxica y tiene problemas en los pulmones, etc. Podemos decir que hay tantos niveles de sufrimientos en el Purgatorio como cuantas personas distintas existen, porque no existen dos personas ni dos almas iguales.

Cada alma lleva el purgatorio consigo. Cuando un alma viene a visitarme, no viene “fuera” del purgatorio, sino “con” el purgatorio acuestas. Las mayoría de las almas que vienen a visitarme son las que están más cerca de ser liberadas.
Son las que están en los niveles más altos, cerca del Cielo, digamos.

En los niveles más bajos, satanás puede hacer sufrir a las almas, pero no puede vencerlas, ni llevárselas al infierno. Estas almas de los niveles más bajos, son las que estubieron muy cerca, a un paso del infierno eterno. Muchas veces, están almas se presentan bajo la forma de animales horribles, y defectuosos, esto representa los horribles pecados que cometieron.

Pero el alma puede pasar del nivel más bajo e ir directamente al cielo sin pasar por niveles intermedios, si les ayudan con una indulgencia plenaria o con muchos sufrimientos, ayunos, misas y oraciones ofrecidas en favor las almas del Purgatorio.
Lo que sí es cierto es que ninguna de ellas quiere volver a las tinieblas, a este valle de lágrimas que es la tierra, ahora que han conocido el Amor infinito de Dios.
Debemos tener bien claro que no es Dios quien las coloca en tal o cual nivel de sufrimiento, son ellas mismas que piden ir, y de acuerdo a la gravedad de sus pecados se situan en los niveles correspendientes, pues quieren purificarse totalmente antes de presentarse ante la majestuosidad que es Dios.

Ellas quieren purificarse como el oro en el crisol.

¿Imaginamos una chica que quiere ir a su primer baile en público toda sucia y despeinada, y con un vestido roto y feo?

Pues bien, las almas ahora tienen una idea de Dios tan grande y sorprendente, y son tan conscientes de su pureza maravillosa y resplandeciente, que ni todas las fuerzas del universo serían suficientes para hacerles presentarse delante de Dios, mientras subsistan esas manchas de pecados que afean su alma.

Sólo un alma pura y luminosa puede atreverse a acercarse a la Belleza, Santidad, y Resplendedor Divino de Dios para poder contemplarlo sin temor y amarlo en plenitud por toda la eternidad.

El purgatorio es un "estado" de cada alma; pero, en cierto sentido, también es un lugar ya que algunas almas se reúnen para estar juntas y darse ánimo unas a otras en un determinado lugar por ejemplo; junto a los altares de las iglesias ó en el lugar donde han muerto, ó donde han sido sepultado.

Pero no es un solo lugar sino muchos lugares diferentes donde se reunen las almas y muchas las condiciones diferentes de cada alma. El fuego sólo existe propiamente en los niveles más bajos, aunque sólo afecte al alma, pues no es un fuego físico como el que nosotros conocemos en la tierra. Por eso, algunas almas se aparecen rodeadas de fuego, significa que pertencen a los niveles más bajo del Purgatorio.

Yo nunca las he visto reír o sonreír, tienen más bien un aspecto sufrido y paciente. Normalmente, se me aparece una alma sola; pero, en algunas ocasiones, se me han aparecido varias, porque tenían necesidad de la misma cosa para ser liberadas.
He sido visitada por almas de todos los continentes, que me hablaban en un alemán con acento extranjero.

En algunas oportunidades he sido visitada por personas que se han suicidado, que no necesariamente se condenaron. La mayor parte de ellos son llevados al suicidio por circunstancias que limitan mucho su libertad o por enfermedades psíquicas.

Pero todos lamentan mucho el haber acortado su vida y todo lo que pudieron haber hecho y no lo hicieron. Todos ven que no fue una solución el haberse suicidado, tendrían que haber buscado ayuda, y también ven que cometieron un gravísimo error al suicidarse.

Por supuesto, me han visitado personas de todas las religiones, Judíos, Protestantes, Ortodoxos, Musulmanes, Budistas, pues también ellas van al cielo, aunque la fe católica es la mejor fe para ir directamente al Cielo.

También, me han visitado homosexuales. No necesariamente están condenados, no no, para nada, pero sí tienen que sufrir mucho en el Purgatorio para ser purificados; porque, aunque la inclinación homosexual, es decir el nacer homosexual no es pecado, toda práctica o actividad homosexual sí es pecado, como dice la Iglesia Católica.

Ellos deben orar mucho, mucho en la tierra para vencer esa inclinación, pues detrás de esas prácticas siempre está el diablo, en verdad en toda práctica sexual prohibida está el diablo, acechando y perdiendo a las almas. Por eso deben rezar mucho y pedir fortaleza para vivir su castidad y rezar a San Miguel Arcángel, que es un gran defensor contra el diablo.

Algo muy importante para nuestra salvación eterna es aceptar antes de morir todos los sufrimientos que Dios nos envíe y que Él permite que nos suceda.

Conocí a una mujer y a un sacerdote, que estaban en el mismo hospital con tuberculosis. La mujer le dijo al sacerdote: Yo le he pedido al Señor que me dé la oportunidad de pasar aquí en la tierra mi purgatorio. El sacerdote le dijo: Yo no me atrevo a pedir tanto.

Había una religiosa que los atendía y escuchaba la conversación. Cuando murieron los dos, el sacerdote se le apareció a la religiosa y le dijo que la mujer había ido directamente al cielo y él debía pasar todavía mucho tiempo en el purgatorio por no haber aceptado sus sufrimientos.
De ahí lo importante que son nuestros sufrimientos, ofrecidos con amor los sufrimientos de la tierra valen muchísimo más como reparación de nuestros pecados que los del purgatorio.
Por eso, una larga enfermedad, antes de morir puede ser una gran bendición y gracia que Dios permite que nos suceda para ir directamente al Cielo, siempre que aceptemos de corazón todo lo que Dios nos manda.

“El sufrimiento con amor es la perla más preciosa que puedes ofrecer a Dios”. Fíjate en Jesús, sufrió y murió por amor hacia nosotros y Dios lo exaltó por sobre toda criatura.

RELATOS ASOMBROSOS SOBRE EL PURGATORIO

Relatos asombrosos de María Vallejo Nágera escritora y pedagoga, nacida en Madrid en 1964.
En su libro "Entre el cielo y la tierra, historias curiosas sobre el Purgatorio",
(Editorial Planeta, 2007).
Nos narra historias verdaderas sobre apariciones de almas sufrientes suplicando ayuda espiritual. La escritora Madrileña nos presenta su primer ensayo, esta vez adentrándose en el interesante y desconocido mundo de lo que la Iglesia Católica llama “Purgatorio”.

En esta curiosa obra, también relata los avatares vividos por personajes de relevancia social en España que han tenido experiencias con las “almas del Purgatorio”.

Parte 1.



Parte 2.



Parte 3.



Frases y Dichos


Para guiar a la gente camina delante de ellos, y no detrás de ellos. (Loa Tsé).

La mejor herencia que se le puede dejar a un hijo, es el buen ejemplo que le damos todos los días. (Hamilton)

En la bondad y el amor se encierran todos los géneros de la sabiduría. (Sábato)

Todos los males del ser humano, se pueden curar con medicina y con mucha oración. (Santa Gemma)

Muchas peresonas tienen el perfecto genio de no hacer nada, y los hacen con entusiasmo. (Haliburton)

El corazón es un niño pequeño; espera que lo amen, que lo mimen y que lo comprendan.(Ruso)

En todos los tiempos y lugares el mejor libro será el que enseñe más en menos páginas. (Olavarría)


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